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19 Oct 2023 12:05:56 UTC
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El sueño (y su interpretación) como acto poético con Javier Esteban | Pura Virtud
Javier Esteban es Doctor en Derecho. Máster en psicoanálisis. Director del ciclo cultural Encuentros con lo sutil, en el centro cultural Conde Duque. Fundador y colaborador de medios de comunicación. Documentalista.

Mística, en definitiva, proviene del término misterio. En su etimología griega, mystikós, significa “secreto”. Lo oculto, que también es lo ocluido. Más concretamente, algo cerrado a la manera de un círculo perfecto: representación perfecta y unificada de lo celestial. La creencia en un saber místico implica una concepción sesgada del tema: presupone la existencia de un ente divino que ha escondido un saber para los elegidos. Sabiduría reservada, cuyo acceso debe ser ganado por aquel que quiera penetrar en ella (kénosis). Una revelación espiritual y esotérica solo accesible a ojos de los iniciados. Eje vertical que irrumpe en la horizontalidad mediocre de la vida y la desgarra, para religarla, con aquello de lo que se desgajó: Dios. Escala (escalera) para ser ascendida a la manera del peregrino Dante en La Divina Comedia. Algo que está íntimamente relacionado con las religiones y cultos mistéricos experimentados en comunidad. Con la trascendencia de lo mundano para retomar lo divino. El secreto del origen, el logos o verbum que dio inicio a la vida, que es el primer y más profundo misterio. Soplo divino (spirare: espíritu) del que emana el polvo humano que somos. De esa forma, el presente enlaza con el origen; lo sacro con lo mundano; la creación con su Creador.
Las cuevas y grutas (nombres femeninos que aluden a lo que se hincha) eran lugares de misterio y hacían referencia a esa feminidad salvadora que más tarde el catolicismo convirtió en particularidad antropológica a través de la figura de la Virgen María. Lugares, en definitiva, de escucha. De resonancia y de silencio. De contemplación del cosmos (kósmos). Allí se representaban íconos animistas (de ánima o ánemos: alma), con animales divinos. Eran espacios de liturgia. De regreso para ese peregrino desnudo y despojado al útero materno. Habitáculos de la utopía (no-lugar) donde lo limitado concibe lo ilimitado. En ellas nace la religión (de religar: religāre; también de releer: relegĕre), como puente y mediación entre lo divino y lo humano. Es allí donde, para Chesterton, surge el animal humano: “Los hombres que eran ya hombres, eran al mismo tiempo místicos. Utilizaban elementos primitivos e irracionales como sólo los hombres y los místicos pueden utilizarlos”, se puede leer en su libro El hombre eterno, donde destaca el verbo poético de Cristo perceptible en el uso que hacía de un género literario de invención propia: la parábola.
La música y la poesía (si es que la diferencia cabía) eran prácticas artísticas, sí, y también mistéricas. Espirituales. Intentos de restañar la armonía entre microcosmos y macrocosmos a través de un canto nocturno: así las prácticas de Pitágoras y la leyenda del gran Orfeo. También estas prácticas y ritos fueron mantenidos en la Grecia arcaica. Famosos son los Misterios Eleusinos, en buena medida influidos por el culto mistérico que los órficos profesaban al dios Dionisio cuyo culto dionisiaco dio lugar a las tragedias griegas. El símbolo (sýmbolos o simbŏlum) es “la expresión de lo sagrado en un espacio profano”. Así lo entienden Julio Trebolle o Eugenio Trías, por ejemplo. También Goethe, que en lo sacro encuentra la diferencia con la alegoría. En esta representación hay un lado conceptual y un lado material que en ambos casos se encuentra sometido a cambio constante. El significado del símbolo pertenece abierto y alude al hombre porque habla en un lenguaje universal a una condición que permanece siempre invariable (lo que cambia son las circunstancias históricas y sociales que influyen en la representación e interpretación del símbolo). Walter Benjamin, uno de los autores fundamentales del siglo XX, opinaba que “la esencia de la palabra es el símbolo”, aludiendo a su forma de recoger el significado de los nombres. Siguiendo con Benjamin, Adán es “el padre de los hombres y de la filosofía”, pues nombró toda la realidad por primera vez para deleite de sus hijos. Una realidad compuesta principalmente de elementos profanos pero también de elementos sacros. La interpretación de los símbolos mitopoéticos –sus mitologemas, arquetipos o mitemas, es indiferente–, es lo esencial del arte por lo cual nos percibimos como objetos creados y, por ello, recreadores de la potencia originaria en cada creación humana. La forma más eficaz de autotrascendencia más allá del límite de la muerte. La forma más eficaz de autoconocimiento más allá del límite de la razón. La forma más eficaz de disolución con el mundo más allá del límite del ego, como bien sabía Ernst Jünger. De la naturaleza de la que procedemos y que trascendimos gracias a la invención racional de esa misma técnica en la que hoy corremos el riesgo de sumergirnos hasta desaparecer.

#Sueños
Enlace a la web de Javier Esteban: http://www.javieresteban.info/vida/
...
https://www.youtube.com/watch?v=SPcdZRtk1l4
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Unspecified
video/mp4
Language
Open in LBRY

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