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HABLEMOS DE UN CURSO DE MILAGROS
La libertad para el ego y para el Espíritu Santo.
UCDM Capítulo 8 EL VIAJE DE RETORNO II. La diferencia entre aprisionamiento y libertad Párrafo 6
Comentarios de:
Jorge Luis Álvarez Castañeda
“6.Las enseñanzas del Espíritu Santo apuntan en _una_ sola dirección y tienen _un_ solo objetivo. 2 Su dirección es la libertad y Su objetivo es Dios. 3 El Espíritu Santo, no obstante, no puede concebir a Dios sin ti porque no es la Voluntad de Dios _estar_ sin ti. 4 Cuando hayas aprendido que tu voluntad es la de Dios, tu voluntad no dispondrá estar sin Él, tal como Su Voluntad no dispone estar sin ti. 5 Esto es libertad y esto es dicha. 6 Si te niegas esto a ti mismo, le estarás negando a Dios Su Reino, pues para eso fue para lo que te creó”. T.8. II. 6: 1-6
Jesús, nos dice, en esta sección, que con el ego no podemos aprender la realidad pues el ego lo que hace es crear confusión. Hay que aprenderla del Maestro que si sabe lo que es tu realidad. Cuando se habla de realidad se habla del Reino de Dios, del Cielo, de las creaciones de Dios, de Dios. La realidad es inmutable. La realidad es ajena al tiempo, es eterna. Para aprender lo que es la realidad necesitamos de nuestro Maestro: el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo enseña que tu voluntad y la de Dios son una. Es decir, el Espíritu Santo lo que hace es liberarnos y no estar aprisionados de las ilusiones como quiere el ego. ¿Y cómo nos aprisiona el ego? Fomentando: la separación de mis hermanos, de mí mismo, de Dios; los resentimientos; con el conflicto; con el pecado o separación o ausencia de amor, la culpa, el miedo; con los juicios, las relaciones especiales, y, de manera muy especial, buscando que toda nuestra atención esté centrada en el cuerpo, etc. Este es el programa de estudio del ego. El del Espíritu Santo se basa en que Sus enseñanzas tienen que estar libre de conflictos.
Por eso, nos dice Jesús en el capítulo 8 sección II:
”El Espíritu Santo se opone a cualquier forma de aprisionamiento de la voluntad de un Hijo de Dios porque sabe que la voluntad del Hijo es la Voluntad del Padre”.T-8.II.4:3
El Espíritu Santo enseña la diferencia entre dolor y dicha, es decir, entre estar aprisionado y ser libre. Para el ego, aprisionamiento y libertad son lo mismo. Si se sigue al ego como maestro se buscará tomar decisiones orientadas a fomentar el especialismo para alcanzar los pequeños mundos particulares en los cuales sentirse felices, mejores y diferentes de sus hermanos, así sea a costa de pasar por encima de los intereses de ellos, cumpliendo así una de las leyes del caos o del ego, de que para ganar otro tiene que perder.
Y cuando se alcanza la, supuesta, meta resulta que no se queda satisfecho y hay que volver a seguir buscando con que ser felices, sin poder lograrlo nunca. Es decir, las decisiones del ego, con las cuales ejerce, supuestamente, la libertad, lo que hacen es fomentar la separación, la culpa, el ataque, el miedo, el especialismo: un verdadero aprisionamiento de la mente.
Nos dice Jesús en el párrafo 6:
”Las enseñanzas del Espíritu Santo apuntan en una dirección y tienen un solo objetivo. Su dirección es la libertad y Su objetivo es Dios”.
Si tengo claro que mi objetivo es Dios y si tengo coherencia mis pensamientos, mis sentimientos y mi conducta tienen como referente a Dios. Se acaban las dudas y las vacilaciones y podré disfrutar de la dicha, la paz y la libertad que me corresponde como Hijo de Dios.
Esto ha implicado un proceso de sanación de la mente mediante el perdón como lo enseña Jesús en la lección 256 “Dios es mi único objetivo hoy”:
”La manera de llegar a Dios es mediante el perdón. No hay otra forma”. L-256.1:1-2
Continúa Jesús en el párrafo 6:
”Cuando hayas aprendido que tu voluntad es la de Dios, tu voluntad no dispondrá estar sin Él, tal como Su Voluntad no dispone estar sin ti. Esto es libertad y esto es dicha. Si te niegas esto a ti mismo, le estarás negando a Dios Su Reino, pues para eso fue para lo que te creó”.
No hay ninguna pérdida de la libertad en el hecho de seguir la Voluntad de Dios porque la Voluntad de Dios y la mía son la misma.
Libertad que sólo me podrá traer paz y dicha. Si soy la Voluntad de Dios no puedo por menos que gozar de disfrutar de _”Su Fuerza, Su Paz y Su Amor”_. Me decido a responder al Llamado de Dios y contribuyo al despertar de la Filiación, es decir, de todas las Creaciones de Dios que han caído en el sueño de la creencia en la separación de Dios.
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