Conversamos con el actor de doblaje y director de cine Guillermo González Lanchares acerca de los Premios Óscar y el estado actual del cine en 2023.
Después de la mala resaca de los Premios Goya, llega la 95ª edición de los Óscar, convertida en los últimos años en la escenificación más mediática del así denominado “wokismo”. Hay que leer La posliteratura, el último libro publicado hasta la fecha por Alain Finkielkraut en España, para entender de qué estamos hablando: el cine reducido a vehículo de transmisión de un panfleto ideológico. Secuestrado por las subvenciones estatales, los artistas mediocres (peor: indocumentados), la cultura de la cancelación (véase: el caso de dos artistas geniales de la talla de Woody Allen y Roman Polanski), los productores-empresarios sin conocimiento alguno de arte y la excusa pseudo-política para dar un discurso mal disimulado bajo el formato de una película.
Confieso que buena parte de las películas nominadas no me interesan ni un ápice; de la misma forma que la mayoría de series que se estrenan en las distintas plataformas de streaming me parecen inanes. Salvando excepciones como la de We own this city (David Simon, 2022) o Cowboy de Copenhague (Nicolas Winding Refn, 2023), prefiero siempre la compañía de una buena novela. Las salas de cine, cada vez más abandonadas por el público o protagonizadas por la mala educación de nuestros contemporáneos, no se encuentran mucho mejor; las dos mejores películas que podían haber obtenido una nominación a la categoría más prestigiosa, The northman (Robert Eggers, 2022) y Decision to leave (Park Chan-wook, 2022), han sido ninguneadas por igual. Aquello que se ha ofrecido en su lugar no resulta muy apetecible: la excentricidad pirotécnica de Todo a la vez en todas partes (Dan Kwan y Daniel Scheinert, 2022) y la impúdica vacuidad de Los Fabelman (Steven Spielberg, 2022) parten como aparentes favoritas.
Para los interesados en la crítica cultural, el fenómeno cinematográfico más interesante del año es, sin duda alguna, la coincidencia en una misma temporada de sendos biopics sobre los dos sex-symbols más sugerentes de la cultura pop: Elvis Presley y Marilyn Monroe. Si Michelle Yeoh (asiatización del cine) y Brendan Fraser (convertido en ícono de la “nueva masculinidad”) no lo evitan, tanto Ana de Armas como Austin Butler pueden ser premiados por su magnífica interpretación, siempre incompleta para dos figuras tan determinantes en el imaginario del siglo XX. En la misma línea, la fallida Babylon (Damien Chazelle, 2022) trata de volver de manera auto-consciente sobre la propia trayectoria del cine; lo hace sin añadir nada nuevo, en lo que a fondo se refiere, a películas anteriores como Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen y Gene Kelly, 1952) e incluso The Artist (Michel Hazanavicius, 2011), con algunas decisiones formales acertadas (su final-homenaje y el festival rabelesiano de escatología y humor quijotesco), aunque cayendo casi siempre en el fracaso, en el exceso y en el cliché.
La película más perfecta del año es Almas en pena en Inisherin (Martin McDonagh, 2022), una tragedia con alma de lied de Schubert, drama rural de Ford e indagación en el absurdo existencial de Beckett. Tan impecable como lejana para un espectador que se reconoce en el mito, pero no en la desolada incomunicación de un mundo pre-tecnificado y rural. Sus dos protagonistas, Brendan Gleeson y Colin Farrell, realizan una colaboración que se encuentra entre los mejores duelos interpretativos de los últimos años, al nivel de Joaquin Phoenix y de Philip Seymour Hoffman en The Master (Paul Thomas Anderson, 2012); y de Willem Dafoe y Robert Pattinson en The Lighthouse (Robert Eggers, 2019). Contando lo mismo que en Escondidos en brujas (Martin McDonagh, 2008), sólo que en el contexto de un pueblo irlandés, uno entiende por qué Antígona todavía nos conmueve como en el siglo V a.C.
La película más académica, en un año donde las terribles Avatar II: El sentido del agua (James Cameron, 2022) y Top Gun: Maverick (Joseph Kosinski, 2022) han conseguido arrastrar al espectador medio de vuelta a la sala de cine, únicamente se encuentra disponible en formato televisivo: Sin novedad en el frente (Edward Berger, 2022). Película excesiva, a la que le sobra la subtrama protagonizada por el español Daniel Brühl, se eleva como una gran película bélica en el relato protagonizado por un grupo de jóvenes y desengañados soldados sometidos a un viaje al fin de la noche en el marco de la Primera Guerra Mundial.
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